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Lina Morgan: una fortuna de 10 millones en manos de su chófer | loc | EL MUNDO

Cuando el féretro de Lina Morgan llegó al Teatro de la Latina, a las 15.30 horas del jueves, todo estaba preparado (y calculado). Las coronas de flores desbordaron el palco que perteneció a la actriz. La primera en llegar fue una espléndida de Chicho Ibáñez Serrador, después hubo que poner las que fueron llegando el resto de la tarde en el palco de enfrente.

Sobre el escenario que la vio triunfar tantas veces, sólo había una impresionante corona con más de un centenar de rosas blancas y amarillas. No tenía cinta. Pero era de Daniel Pontes, el hombre de confianza de la cómica desde hace más de 30 años, "y de la gente de su casa". Era la única que tenía flores amarillas. Quizás sólo a ellos les había dicho la actriz lo que suponía ese color para ella. Cada vez que estrenaba una revista en La Latina se ponía ropa interior de ese color. Le daba suerte.

Sobre el ataúd de Lina, descansaba la bandera de España y de la Comunidad de Madrid, además de unas estampas de la Virgen de la Paloma y de Jesús del Gran Poder. Precisamente, un estandarte de esta congregación se situó a la izquierda del féretro.

Daniel Pontes, hombre de confianza de la actriz; el padre Ángel y Jesús Cimarro, actual propietario de La Latina, velaron su féretro

Entre medias, tan sólo seis sillas reservadas para el duelo. Lo cierto es que sobraban asientos. En un principio, sólo Daniel Pontes ocupó su lugar junto al féretro. Ni su figura corpulenta podía llenar ese vacío. A ratos, se unió el padre Ángel y el empresario teatral Jesús Cimarro, quien compró por siete millones a la actriz el Teatro de La Latina hace cinco años. A él hay que agradecerle que Lina tuviera la despedida que merecía. Ellos tres representaban los pocos lazos que la actriz, aislada en sus últimos años, mantenía con el exterior.

No hubo ningún familiar a quien dar el pésame. La actriz había expresado su deseo de que sus sobrinos no acudieran a la capilla ardiente. Por una vez, la hicieron caso. Tampoco se acercaron demasiados amigos. Hubo más flores que personas cercanas a la cómica. Muchos de sus íntimos hace tiempo que fallecieron, como Amparo Rivelles; con otros se había dejado de hablar. "No quería ver a nadie y solo mandaba algún mensaje", explicaba Concha Velasco, una de las pocas caras conocidas que se acercó al Teatro de La Latina.

Sin embargo, su público no le falló. El pueblo no se había olvidado de la cómica que le había quitado las penas a base de carcajadas. Fuera del teatro, bajo un sol africano, había cola para despedir a Lina Morgan. Vecinas del barrio de toda la vida, jóvenes punkys, maricas en shorts, familias gitanas del Rastro... Pasadas un par de horas, en el teatro se calculaban que unas 3.000 personas se había acercado ya a despedirse de la genial payasa que desbancó a las vedettes de las revistas.

Pésames confusos

El patio de butacas fue llenándose. Una mujer se sentó junto al director del Teatro Español, Juan Carlos Pérez de la Fuente, para darle el pésame. "¿Son ustedes los sobrinos, no? Es que me gustaría decirles que siento mucho lo de su tía, que me hizo muy feliz". Cuando la sacaron del error, respondió "Bueno, lo siento mucho de todas formas sigue siendo una pena para todos".

Lina Morgan: una fortuna de 10 millones en manos de su chófer | loc | EL MUNDO

Un rato después otro hombre confundía al empresario Jesús Cimarro con un familiar de la actriz. "En esta casa, la familia somos los amigos".

Efectivamente, Lina Morgan consideraba que no tenía familia pese a que sus hermanos mayores, Julio y Emilio, habían tenido descendencia. Cuando la actriz comenzó su rosario de ingresos y salidas hospitalarias en los últimos años, uno de sus sobrinos, Julio López, quiso visitarla y ella le negó el acceso. Ni él, ni la tercera generación de los López Segovia recibirán nada de su tía, ya que por ley, ni siquiera les corresponde la legítima, que sólo se contempla para ascendientes y descendientes directos, asegura el Bufete Recoletos 21.

Así pues, si no hubiera hecho testamento, gran parte de la fortuna de la actriz pasaría a manos del Estado. "Pero hay testamento. A Lina nadie le regaló nada. Todo lo que ganó, lo tuvo con mucho esfuerzo. Y tenía ideas muy claras sobre qué quería hacer con ello", explica un amigo de la actriz. ¿El qué? Posiblemente, sólo Daniel Pontes lo sepa. A él le declaró su tutor legal durante la enfermedad. Muchos le acusaron de haberla secuestrado pero ayer en las sillas junto a su féretro, explicaba ante un amigo: "Si es que yo era el único que la tenía cerca para apoyarse...". Él, su mujer y sus hijas, quienes al final de la noche, lloraban la salida del cuerpo de Lina Morgan en la segunda fila del teatro.

Daniel Pontes se emocionó en varios momentos

Los Pontes pueden ser los destinatarios de una fortuna que se estima en torno a los 10 millones de euros. Hacía sólo un lustro que la actriz había cobrado siete millones por la venta del Teatro de La Latina, un dinero del que no ha necesitado gastar un euro, ya que tenía sus cuentas lo bastante saneadas. Pese a que no actuaba desde 2008 (lo último que hizo fueron sketches de Escenas de un matrimonio, contratada por José Luis Moreno), la cómica no necesitaba dinero, tenía dos empresas dedicadas al espectáculo y otra, Telasa S.L., que tenía como objeto el alquiler de pisos. De todas ellas se deshizo en sus últimos años.

Más allá del dinero que tuviera en sus cuentas, queda el excelente piso de la calle Samaria, muy próxima al Parque del Retiro, en el que la actriz vivía junto a su hermana Julia hasta que ésta falleció en la Nochebuena de 2012 (eran vecinas de la infanta Elena). Actualmente, un inmueble de sus características puede venderse por un precio en torno al millón y medios de euros.

Otro importante patrimonio de la actriz era su colección de joyas. Según el académico Luis María Ansón, la suya era "la primera colección de joyas de España". Incluso superior a la de su amiga Sara Montiel, otra gran amante de las alhajas. De hecho, el valor de algunas de las piezas era tan grande que, cuando hace un tiempo, quiso venderlas, en la joyería a la que acudió le dijeron que no tenían clientas que pudieran permitirse esos lujos.

Muchas de estas joyas tenían un gran valor sentimental para ella porque eran un regalo de su hermano José Luis, el mismo que cuando eran pequeños salía con ella a recoger cartones y botellas para ayudar en la economía familiar. «Cada vez que Lina estrenaba un éxito, y fueron muchos, su hermano José Luis le regalaba la mejor joya que encontraba en Madrid. Tenía un gran gusto y no le importaba el precio...», explicaba a LOC un amigo.

Por último, tampoco hay que desdeñar el valor que tenían muchos de los abrigos de pieles de la actriz. Visones, zorros y martas cibelinas que la estrella lucía cuando todavía le gustaba acudir a estrenos.

"Pero habrá que ver qué queda de todo eso, porque yo no tengo claro que todo siga estando ahí", dice un conocido periodista, que a última hora del jueves acudió al Teatro de La Latina para despedir a la cómica. Según contaba, él esperaba estar en el testamento, que le hubiera dejado algún detalle en sus últimas voluntades. Como él, hay más. Pero los afectos de Lina Morgan podían ser volátiles. Era una mujer dura, tenía que serlo para llegar dónde llegó. También para proteger una vida que, tras sus muecas de payasa, fue amarga. "Yo creo que su humor nacía del dolor. Bastaba con arañar un poco en la superficie, para darse cuenta de que debajo de la comedia estaba el drama", recordaba en el velatorio Pérez de la Fuente.

Una muestra de ese carácter que muchos de sus amigos no entendieron se resume en esta anécdota del dramaturgo José Luis Miranda, quien trabajó con ella en El monólogo Lina Morgan... o no, en el que la actriz iba a contar su vida. "Nos reunimos muchas veces para hablar, me contó muchas cosas, incluso del amor. Aunque de eso no iba a hablar nada. Durante aquellos días, murió mi madre y ella me consoló mucho, me sacaba a cenar, a comer... Al final, el monólogo no se hizo. A ella le dio miedo. Tiempo después, yo me mudé a su edificio en la calle Samaria. De repente, ni me saludaba aunque nos cruzáramos en el descansillo. Sólo un día que iba con Cornejo se paró porque él me saludó. Al final, creo que no se hablaba ni con él".

Este extraño carácter se hizo presente también el día de su despedida. El actor Raúl Sender, uno de sus íntimos, se ha quejado de que no le dejaran asistir a la incineración de la artista. Le dijeron que era un "acto privado". Así lo había querido ella.

Una mujer caritativa

En su velatorio en el Teatro de La Latina, pasadas las 23 horas, aun quedaba más de un centenar de admiradores y fans velando el cadáver de la actriz. Cuando el padre Ángel volvió a subir al escenario para sentarse junto al ataúd de Lina Morgan, la sala comenzó a aplaudirle. "¡Muy bien Padre Ángel! ¡Ella era muy caritativa y tiene que estar usted aquí! ¡Que de Lina comió mucha gente, que lo sabe todo el mundo!", gritaba desde la tercera o cuarta fila una vecina.

Efectivamente, Lina Morgan fue una de las grandes colaboradoras del padre Ángel. Madrina del día del abuelo, los actos benéficos de Mensajeros de la Paz, la organización que comanda el párroco, fueron una de las pocas ocasiones en las que salía de casa. Por ello, hay quien apunta a que parte de la fortuna de la cómica puede ir a esta organización u otros actos benéficos. El padre Ángel no contemplaba el jueves esta posibilidad. "Yo con Lina nunca hablaba de pesetas. Ella fue una mujer muy buena y que colaboró mucho con nosotros. Siempre estaba cuando se la necesitaba. Pero yo no sé nada de herencias. Yo me considero heredero universal de su cariño y eso es lo más importante".

Así pues, sólo Pontes tiene en sus manos las últimas voluntades de la actriz. Cuando, a partir de la una de la madrugada, el féretro de Lina Morgan abandonó el Teatro de La Latina camino del crematorio, él se abrazaba lloroso al actual chófer de la actriz. Sonaba por megafonía el mítico Agradecida y emocionada, una canción que nunca fue tan triste. Decenas de personas aún esperaban en la noche de Madrid la salida de su heroína. El destino de sus cenizas será un misterio como lo fue una vida oculta tras una sonrisa.

Exteriores del Teatro de La Latina, donde tuvo lugar la capilla ardiente por la comedianteEFE

@mr_lemmon

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